adopcion
¿Qué sucede ante el proceso de adopción?

Si bien la adopción es una decisión conjunta entre la pareja, cada uno de los integrantes acepta un compromiso y una parte de la responsabilidad. La adopción implica una tarea compartida de la crianza del hijo.

Es importante esta aclaración, porque muchas veces es un miembro de la pareja el que toma la decisión de adoptar, y el otro acompaña en la decisión sin comprometerse realmente con ella. Es común que en la práctica se presenten madres adoptivas como únicas responsables de la crianza de su hijo.

Que cada uno de los integrantes de la pareja tome la decisión y la responsabilidad de la adopción, es el inicio de una decisión de ser padre y madre de la adopción. Pero el camino es más largo, e implica que ambos construyan un "Nosotros adoptamos" que refiera un compromiso en la crianza.

Es habitual escuchar la palabra "duelo". El duelo es un proceso normal y esperable frente a la pérdida de alguien o algo muy querido.

La desilusión producida por la imposibilidad de concebir un hijo en el seno de la familia conduce a un proceso de duelo. Una vez elaborado la pareja comienza a pensar en otra forma de concretar la maternidad y la paternidad, adoptando un chico.

Este proceso de duelo hasta el proyecto de la adopción, conviene que no sea inmediato, porque es un momento de muchas tensiones, angustias, ansiedades, dudas y tristezas. Es necesario un cierto tiempo de elaboración, ya que cuando una pareja decide adoptar y se compromete con este proyecto es necesario renunciar al hijo biológico.

Cuando los miembros de la pareja pueden entusiasmarse con el proyecto de "tener hijos", aunque "no puedan hacerlos", va surgiendo el deseo de adoptar. El deseo de adoptar un hijo es el producto de una desilusión y se construye complejamente.

 La maternidad y la paternidad se relacionan con una situación que despierta deseos, intensos sentimientos, expectativas, y dudas. El hijo por venir comienza a construirse en la fantasía con un rostro y cualidades que se imaginan como repetición y mejora de las propias. Es en este momento donde surgen muchas preguntas como, ¿Cómo será el niño?, ¿Seremos iguales o peores que nuestros padres?

Existe un clima previo a la adopción saturado por lo que se piensa y se imagina. Al decidir se necesita  incorporar a un niño en la vida de pareja. Aquí es cuando se presentan suposiciones acerca de los reproductores del bebé que ellos adoptarán.

Por otra parte, la madre que ha concebido al niño también realiza suposiciones de quien se hará cargo de éste. Las suposiciones previas a la adopción por parte de los adoptantes y por parte de quienes entregan al bebé, se conjuntan; y el niño las unificará y articulará en sus propios sentidos.

El desconocimiento mutuo entre reproductores y adoptantes genera un "lugar" en la familia, una zona cuya lógica está regulada por la convivencia imaginaria entre reproductores y los adoptantes. Es en éste lugar donde se transforma en hijo al niño abandonado.

Para los adoptantes preocupados por ser una familia como todas, las atribuciones preferidas circulan alrededor de su concepción de orden y el deber. Los adoptantes no ignoran que hubo algo antes que ellos, por lo tanto ellos serán los encargados de poner orden en representación de la ley y el deber. Proponen una vigilancia extrema sobre ellos mismos, diciéndose contantemente: "Cuidado, no vayamos a parecernos a ellos".

Atribuirle cualidades y desearlo como hijo exige procesar culturalmente y emocionalmente hechos traumáticos derivados del origen del niño. Esto no resulta complicado durante el primer año de vida, pero una vez adquirido el lenguaje puede desembocar en situaciones complejas ante sus preguntas.

A su vez, también el niño tiene que atribuir características a los padres. En este aspecto, adoptivos y adoptantes se asemejan. Los padres esperan que se atribuyan una serie de virtudes que descuentan poseer, y a su vez atribuyen al niño méritos que, infieren, no heredaron de otros.

Es probable que surja en éste momento la pregunta de cuánto se tarda en querer al hijo adoptado. Autores como Eva Giberti, proponen que una cosa es el querer en función volitiva (que compromete la voluntad de una persona): lo quiere porque es el hijo, sabe que debe quererlo y se espera que sea así. Los padres esperan que desde ellos emerja dicho sentimiento.

Otra cosa es desear que esa criatura, nacida en el vientre de una mujer desconocida y abandonada o cedida en adopción, se convierta en un representante de uno, que lo trascienda y que lleve el propio apellido.

Amar a un hijo consiste en una extraña y complejísima combinación que incluye el querer y el desear. Se puede querer a un niño sin que ello signifique desearlo como hijo.

Convertir en hijo al adoptivo significa poder, más allá de quererlo, ser capaz de hacerse cargo de sus deseos, que no necesariamente coincidirán con los de la familia. Poder desear que esa criatura sea el propio hijo implica aceptar sus propios modos de ser, necesidades y deseos, sin imponerle las modalidades que los padres suponen correctas.


¿Cuándo, cómo y qué informar?

Actualmente se sostiene la teoría que hay que informarle al niño de su origen sólo cuando él pregunta. Cuando el niño interroga acerca de su nacimiento, lo más probable es que haya sido estimulado por el nacimiento del hermanito de algún compañerito del jardín, o por la aparición de algún niño en la familia. Se puede decir que lo que hace el niño es compararse.Es común que ante el surgimiento del lenguaje en el niño, se complique su relación con los padres, ya que surge la posibilidad de que aparezca la frase temida: "Ustedes son mis padres".

Si bien no se trata de convertir el diálogo en una iniciación ritual, tampoco es un tema para trasmitirlo de cualquier modo y en cualquier lugar. Es un momento que demanda intimidad debido a la importancia del tema. Aunque el niño carezca de posibilidades de asociar esa panza visible con su historia personal, el clima y la atmósfera que se crea entre el adoptante y el niño estará cargado de tensión. No hay que olvidar que esa mujer no pudo tener una panza.

Para trasmitir la información, lo ideal es que estén ambos padres presentes. La experiencia nos dice que generalmente es la madre la que encuentra la circunstancia oportuna para hacerlo, de acuerdo a lo que ella siente en sintonía con su hijo.

Eva Giberti dice que es posible contarle al niño cómo lo fueron a buscar y dónde estaba, y explicarle que había nacido en tal provincia. Recomienda a los padres un relato semejante: "… que estuvo dentro de la panza de una señora que lo hizo junto con un señor. Ella lo cuidó mientras estaba allí, sin haber nacido. Pero como esa señora después no podía cuidarlo tuvo que dejarlo para que otras personas lo ayudaran a crecer. Mientras tanto, papá y mamá estaban tristes porque no podían hacer un hijito. Eso es algo que les pasan a las personas grandes. Entonces les avisaron que había un bebé que estaba esperando un papá y una mamá. Ellos fueron a buscarlo… y lo encontraron a él, que era muy chiquito, y tenia ojos grandes y manitas chiquitas … Desde entonces él es el hijo de esa familia. Papá y mamá ya no están más tristes, porque gracias a él pueden tener un hijo y una familia…" Este es un texto pensado para criaturas de entre tres y cuatro años.

Forma parte de sus derechos de ciudadano que el niño conozca sus raíces y la atmósfera que lo rodeaba al nacer. No se recomienda explicarle al niño más allá de lo que precisa saber o podría entender. Si alguna vez siendo adulto, el niño reclama saber, conocer y tomar contacto con dicha información, se debe respetar esa decisión ya que forma parte de su vida, de su historia y su identidad.

Ante esta teoría de informar sólo cuando el niño pregunte, el cuestionamiento que surge es, ¿Qué es lo que se espera que pregunte? Si el niño pregunta ¿Yo soy adoptado? Es probable que se lo haya informado algún primito, alguna empleada de servicio doméstico o algún vecino. Pero es probable que el niño pregunte, ¿Yo salí de tu panza? Entonces es el momento en que podría gestarse una intimidad mayor entre la madre y el chico.

Adoptar implica hacerse cargo de este problema: una criatura fue abandonada. Al enterarse de ello, ese niño podrá sentir pena, rabia, o desconcierto. A través de los años posiblemente modifique sus vivencias.

El sufrimiento del niño surge ante la evidencia de no haber podido ser conservado por quien lo concibiera, aunque dicho parecer queda superado, "olvidado", debido al vínculo con los adoptantes, su familia. Impedir que esto suceda es inútil, las mentiras terminan siendo desembozadas y la sensación de haber sido engañado resulta intolerable para el niño adoptivo.


¿Cómo es el proceso de adopción en nuestro país?

La adopción plena genera entre el adoptante y el adoptivo vínculos similares a los que rigen legalmente en la familia biológica, es decir que para la ley no hay diferencias entre una y otra. Los niños y los padres tienen los mismos derechos y obligaciones, ya sea en los aspectos educativos, crianza y económicos. También es igual en la relación que respecta a los abuelos, tíos, primos y los demás parientes. Si los padres se divorcian o se separan, los hijos estarán en la misma situación que los hijos biológicos.La ley número 19.134 regula el sistema de adopción. Establece dos categorías: la adopción plena y simple.

Para que una pareja pueda adoptar, es necesario que haya una diferencia de edad entre el adoptivo y el adoptante de dieciocho años de edad por lo menos. También se establece que los adoptantes hayan alcanzado los treinta y cinco años de edad. Esto seha determinado de esta manera ya que se permite la adopción a personas que son solteras, viudas o divorciadas de uno u otro sexo. Pero si los adoptantes son casados no es necesario que tengan esa edad, aunque sí se requiere que tengan cinco años de casados o que acrediten que al menos uno de ellos está imposibilitado para procrear.

Si bien se trata de imitar a la biología fijándose un límite de edad mínimo para adoptar, no se establece una edad máxima para los adoptantes. Pero por otra parte, una persona puede adoptar a su hermano o hermana, pero los abuelos no pueden adoptar a sus nietos.


¿Se puede adoptar cualquier niño?

La ley establece que se puede adoptar más de un niño, y aún teniendo hijos biológicos. Si los hijos biológicos tienen más de ocho años, el juez escuchará de éstos su opinión de que se incorporen otros niños a la familia.Solamente pueden ser adoptados menores de edad, es decir una persona que no haya cumplido los veintiún años, pero se puede adoptar el hijo del cónyuge.

En la adopción plena se adoptan niños que, son huérfanos, de quienes se desconocen sus progenitores, niños que han sido abandonados, que han quedado en orfanatos o instituciones privadas o públicas. También niños cuyos sus padres biológicos reconocieron ante las autoridades que no pueden seguir haciéndose cargo de sus hijos,  o que se han desentendido sin razones valederas durante un período de un año, o a quienes les han quitado la patria potestad.

La ley pretende que quien adopte tenga los medios necesarios e indispensables para que el niño adoptado desarrolle su vida y reciba la educación adecuada.

En cuanto a lo religioso, la ley no presenta exigencias; así como tampoco exige que los adoptantes tengan alguna formación educativa en particular. Lo que la ley dispone es que el juez valore los medios de vida, cualidades morales y personales de los adoptantes.

Tanto la adopción plena como la simple se realizan en dos etapas: la primera incluye los trámites y contactos para obtener al niño. En ésta fase los adoptantes podrán elegir diversos caminos para obtener al niño, pueden recurrir a: instituciones oficiales (juzgados civiles o de menores), asesoría de menores, defensoría de pobres y ausentes, o direcciones de minoridad. También podrán dirigirse a asociaciones particulares que están en contacto con mujeres que desean entregar a sus hijos o que asisten a criaturas abandonadas.

La segunda fase se relaciona con el juicio propiamente dicho, culminando con la sentencia y la inscripción de la sentencia en el registro civil.

En la adopción simple el adoptado tiene posición de hijo biológico respecto de los adoptantes. Las diferencias fundamentales con la adopción plena residen en esencia, en cuestiones hereditarias con la familia biológica y con la familia adoptiva ampliada. En algunos casos el juez puede disponer que el menor mantenga visitas con la familia biológica, siempre que ello no lo perjudique. Fuera de eso, el vínculo entre los adoptados y adoptantes es igual en la adopción plena y simple, así como también lo son los derechos y obligaciones.


 

Referencias bibliográficas

  • Giberti, Eva (1999): "Adoptar Hoy". Buenos Aires. Paidós.
  • Giberti, Eva; Vul Martín (1999): "La adopción". Buenos Aires. Editorial Sudamericana.
  • Revista: "Actualidad Psicológica". Abril de 1997. Año XXII- N° 241.
  • Kaplan, H.; Sadock, B.; Grebb, J. (1997): "Sinopsis de Psiquiatría". Baltimore, Maryland, William Wilkins; Argentina, Editorial Panamericana.
  • Texto Ley de adopción
  • Giberti, Eva; Chavenneau, S. (1991): "Adopción y silencios". Buenos Aires. Editorial Sudamericana.

Las cookies nos permiten ofrecer nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de las cookies. Ver políticas